Historias Sin Gluten: Alessandra Buti @pietradacquabnb

Para Historias sin Gluten, hoy no contamos una elección.
Contamos un cambio profundo. Alessandra Buti es celíaca en una familia de panaderos. Un diagnóstico que llegó cuando el futuro ya parecía trazado, y que pidió repensarlo todo: el trabajo, la identidad, el valor de los gestos cotidianos.

Lo que vais a leer no es un relato lineal. Es memoria, tránsito, escucha.

Es el ruido de la harina, el bosque, el silencio que aligera los pensamientos, y el regreso a unas manos que amasan — esta vez de otra manera.

De aquella casa en el bosque nace hoy Pietra d’Acqua B&B.
Un lugar de acogida, construido con atención y conciencia, donde la experiencia personal se vuelve cuidado para quien llega.

Este es el poema de Alessandra. Se lee con calma.

Como las cosas que han atravesado el tiempo y ahora saben a hogar.

Alessandra Buti – Pietra d’acqua

Soy celíaca en una familia de panaderos.

El diagnóstico llegó hace 25 años,

cuando trabajar con mi familia

parecía la seguridad para toda la vida.

Encontrar al médico adecuado,
que recetó:
NUNCA MÁS TRIGO, DE POR VIDA,

no fue un alivio saludable

sino una catástrofe:

no más trabajo.

Malvendido el negocio

(también por una grave enfermedad de mi padre),

me encontré sin saber hacer nada,

sin ningún título,

con la autoestima por los suelos.

El odio que siento hacia la celiaquía

me nubla.

Tengo un recuerdo de mi padre trabajando:

¿sabéis qué ruido hacen

100 kg de harina y agua

cuando los brazos de la amasadora

se zambullen dentro?

Es una especie de
¡FLUP! ¡FLUP!

Pero mi padre nos deja la casa en el bosque.

Allí los pensamientos se aligeran.

Cuando la enfermedad se lleva a papá,

voy a buscar sus pasos

en la naturaleza que amaba.

Y encuentro mi paz.

Empiezo a llevar la casa como B&B

y llegan huéspedes:

algunos dejan historias,

otros se llevan promesas.

Sola, en la casa en el bosque,
fuera el viento entre los árboles,
amaso de nuevo
la vieja receta de los cantuccini.

Del horno sale un aroma,
justo ese,
el aroma de siempre
de los cantuccini de papá.

Luego amaso pan.

Y las manos aprietan
y hacen FLUP,
soltando una nubecita de harina
y aroma de algo bueno.

Esta vez sin gluten.



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